Como todas, nací pura. Como todas, también, me entregué fácil a la vida, arrastrándome sucia por las calles, perdiéndome semanas enteras en los baldíos para que abusaran de mí los perros y los niños en sus pichangas. Pero vino el viento y me elevé por sobre las piedras con mi transparencia plástica, con mis heridas. Llegué no sé cómo al Parque O’Higgins y hoy pertenezco a un sólo hombre, a un marginal que supo encontrar en mí a su compañera, a su protectora en los días de lluvia, aquí arriba en su cabeza.