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Noche de San Juan

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Es noche de San Juan y la lluvia arrecia sobre Santiago cubriendo la ciudad de encantamientos. El carillón de La Merced dicta pausadamente las doce campanadas que anuncian el imperio de la medianoche. En el interior de la iglesia, doce frailes celebran con parsimonia un oficio de vigilia, sentados en derredor del fogón. Inesperadamente, el sosiego del recinto es quebrantado por el más joven de los frailes: “Prior Juan, usted conoce tantas historias, ¡cuéntenos algo!”.

Falta de Sueño

Chofer maneja malhumorado luego de cuatro horas de sueño (la bruja). Escolar sube medio dormido luego de tres (la pololita). Chofer lanza monedas por la ventanilla. Escolar dice improperios sin ningún recato. Chofer detiene la máquina, insulta mejor que el muchacho. Escolar intenta avanzar hacia el fondo. Chofer saca barrote que oculta bajo el asiento (nunca se sabe con los delincuentes). Escolar saca navaja que lleva muy a mano (la gente está tan mala). Chofer golpea a escolar, escolar punza a chofer. Ambos reposan en la posta.

Proximidad Real

La vez que se cayó el puente El Cerro sobre el Mapocho fue una gran ironía: no porque los ingenieros hubieran jurado que su construcción era impecable, ni porque las autoridades aconsejaron a la población permanecer tranquila, ya que nada sucedería; sino porque, en ese momento, cien autos -de los cuales la mayoría eran nuevos y opulentos, incluidos poderosos todoterrenos y lujosos deportivos- se dejaron caer sobre los vagabundos que vivían angustiados debajo del puente. En ese momento, los ricos verdaderamente aplastaron a los pobres.

La Iglesia de la calle Recoleta

La niña del planchado llegó muy agitada. No era la Oti de siempre, alegre y desenfadada. Su voz era temblorosa. La hice sentar, le di agua y pedí me explicara lo sucedido. Balbuceante habló: “Antes de la pega, pasé a la Iglesia La Recoleta. Estaba compenetrada con mis manos en la cara rezando, cuando un pato malo me puso cortaplumas y dijo: ‘¡Ya pos loca, tírate unas monedas!’. No sé de dónde saqué palabras y dije: ‘¡Espérate pos loco!, ¿no vis’ que estoy rezándole a la Virgen?’. Miré de reojo y no lo vi más. ¿Cree que fue un milagro?”.

La Ferretería Fantasma

Cierta ferretería ubicada en la calle Franklin cambia de lugar periódicamente. Esto pude constatarlo en 1997, durante el tiempo en que me tocó pilotear la bancarrota de una pequeña empresa del sector. Los vecinos, seguramente objeto de alguna clase de encantamiento, obran como si no ocurriera, y me tomaban por extranjero al comprobar mi perplejidad. Hasta yo llegué a dudar de mi juicio, obligado como estaba a alargar y acortar la ruta cada vez que iba por clavos, lija, u otra provisión. Llámenme embustero si quieren. Me basta con saber que cosas como ésta ocurren.

Atraco al Desnudo

Las cinco de la madrugada. La reunión fue interesante: desaprobaron el desnudo inmoral. Abrió la puerta del auto. Un empujón lo arrojó violentamente al asiento. “¡No grite!”, amenazó una voz. “Buena ropa”, observó el sujeto ya instalado al volante, “¡entréguemela!”. Desvistióse pidiendo al cielo un patrullero. Fue escuchado. Desde su moto, un policía dijo: “Acabe luego con eso. Despejen el área”. El sujeto hizo partir el auto. Cerca del Museo de Arte Contemporáneo le ordenó bajar. Escuchó gritarle al huir: “¡Diviértete viejo…! ¡Relájate...!”.

Santiago de la Nueva Extremadura

Éste es el lugar. Aquel río nos brindará agua y desde esta cima veremos si el enemigo se aproxima. Luego haremos calles anchas para evitar los atochamientos. El río mantendrá su cauce. Castigaremos a quien ose ensuciarlo. Construiremos alcantarillas que sean capaces de beber las aguas lluvias, precaviendo inundaciones. Ubicaremos el aeropuerto retirado y hacia el sur, evadiendo la neblina. Desapareceremos uno o dos cerros para ventilar la cuenca y evitar el smog. Quiero que la Plaza de Armas sea inmensa, un parque. ¿Qué opina Gamboa, estaré exagerando? ¿Sí?

Los Hombres Oscuros

La comunidad de los seres oscuros no necesita transporte porque está a un metro del Metro. Los vi por primera vez entre Moneda y Los Héroes. Un anciano y un niño caminaban por los túneles. Yo no estaba borracho y tampoco tengo mucha imaginación. Imaginación habría sido si me hubiese ido con ellos después de conversar acerca de sus intereses. Dijeron que preferían el anonimato y les encontré razón. No quise divulgarlo con entrevistas por la televisión. Preferí el bajo perfil y estas líneas tómenlas como un desahogo. El viejo murió y el niño recién conoce las calles.

Acto Heroico

La larga fila de pequeñas cotonas amarillas tomadas de la mano avanzó con luz verde. Supe que no alcanzarían a cruzar. Las furiosas micros amarillas también ronroneaban impacientes. “Esto va a ser una masacre”, me susurraste al oído. Parecías preocupada. La luz empezó a parpadear. Una de las diminutas figuras tropezó. La parvularia sin dientes gritó y se paralizó. Entonces, saltaste a la mitad de la avenida. Tomaste al postrado de la manito y de un tirón lo sacaste de las fauces mecánicas.

El Patio de los Naranjos

A veces entro al Patio de los Naranjos, cierro los ojos y me acuerdo de ti... ¡Te veiai tan guapo con el uniforme y las botas lustraditas...! Los nuevos se ven igual de lindos que voh’, pero son más serios, más altos y ni me miran cuando cruzo el patio... ¿Te acordai cómo me gustaban los aviones? Ahora pasa uno y me agacho por si acaso... Perdóname, mi amor, que no vaya al cementerio... ¡Es que las viejas me miran raro en las marchas! Y eso que me veo más lindo que la cresta con los vestidos de mi hermana.