El trato con la bruja había resultado: más de quinientos años en el futuro y... ¡vivo! Sus pensamientos fueron al pasado: Santiago de La Nueva Extremadura, ciudad de verde y frondosa vegetación, aguas claras y cielo intensamente azul. Despertó de su largo sueño el arrogante Pedro y pensó en todo lo que podría hacer ahora, que ya no tendría que librar batallas ni ganar honores. Trató de mover su cuerpo, pero estaba inmóvil, pétreo. Miró a su alrededor y lanzó un grito de espanto y dolor: “¡Bruja malvada, de qué sirve mi alma dentro de una estatua!”.