Ruby Reencarnada en una Mendiga

 

Llevaba sentada horas, observando ir y venir a trenes sin decidir qué hacer. Los miraba desde lejos con el riel como punto de fuga. Comenzaba a construir su propio cuadro gris. Y verde, cómo le gustaba el verde. Imaginaba la Estación Central añeja, insípida, descuadrada. Tenía esa manía de abstraerse de la realidad, de buscar un pasaje en su memoria inventada y reformar el alrededor. Su cuerpo triste y su ropa oscura harían pensar que rezaba. Sin embargo no estaba triste, ni menos rezaba. Dejaba pasar sus días así: siempre estampados por el humo y los silbidos de frenos.