El billete estaba arrugado, sucio, tirado en el Paseo Ahumada. Miró hacia todas partes, lo recogió y con fuerzas lo introdujo en el bolsillo de su bluyin. Comenzó a pensar qué hacer. Un regalo para su madre, zapatos para su hijo, una rosa para María... pero lo primero es lo primero. Se dirigió al local más cercano y pidió un shop con su correspondiente italiano. Tras mirarlo con recelo, la mesera le llevó el pedido, el cual fue devorado rápidamente. Pidió la cuenta y buscó en su bluyin el billete, pero sólo encontró el hoyo que María prometió coser.