Contrapunto Amoroso

 

Ella cuica, yo piruja. No sé qué le vi, no sé qué me vio. Sería su cuerpo de niñita bien (¡bien rica!), sería su compromiso social apostólico romano. Entre mirada y mirada fuimos encontrándonos el lado amable. Después de un tiempo, el encuentro se imponía. La cita era complicada. ¿Alto Las Condes o Bío Bío? ¿Tavelli o El Hoyo? Los opuestos se atraen. Dialéctica, dije. Electromagnetismo, precisó. Después de recorrer Santiago, yo quise recorrerla a ella. Ella también quería. Democrática e irremediablemente terminamos fornicando en Plaza Italia. General Baquedano, diría ella. Manuel Rodríguez, repuse yo.