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cartas

Lápiz

Me compré un lápiz en San Diego. Con dos pequeños orificios para acomodar los dedos. Gustaba escribir con él diversas historias. Mi lápiz me daba seguridad. Confiaba ahora más que nunca en lo que decía. Conocí entonces a una mujer encantadora. No resistí el impulso de escribirle cartas. Ella se enamoró de mí, o de mis palabras, nunca lo supe. Y llegó el día en que a mi lápiz se le acabó la tinta. Desde entonces ella no se interesa en mí y todo volvió a ser como antes.