Luis salió corriendo de su casa, agarró una micro en la esquina, luego se subió al último carro en Bellavista de La Florida, emergió en Moneda, corrió a su oficina, marcó la tarjeta de ingreso y su jefe lo esperaba con varias tareas pendientes. Pero no pudo parar y siguió corriendo sin motivo aparente. Ahora es uno de los presurosos transeúntes que forman parte de la fauna céntrica. Cumple circuitos improvisados y pese a que todo el mundo le pregunta por qué corre, él se encoge de hombros y dice no tener tiempo para responder.